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Yavarí. El museo navegable


Author: New Media


Aunque los hay de toda naturaleza y contenido: arqueológicos e históricos, de artes y de ciencias, entre otros. Así como los que exaltan la memoria de algún personaje histórico. Todos los museos guardan valiosas colecciones como lo hace el Barco Yavarí que fue catalogado como el primer Buque Museo del Perú por el Instituto Nacional de Cultura.

Cada vez que he estado en Puno, siempre encontré gusto en volver. Pero esta vez lejos de los circuitos tradicionales. Cuando divisé un barco anclado al costado del muelle decidí explorarlo y pasé el día en este buque del siglo XIX que se internó en el rincón mágico del Titicaca donde el tiempo y el espacio tienen otra dimensión.

El Yaraví tiene una gran historia que se remonta a 1861 cuando a pedido del gobierno peruano se ordenó la construcción de dos cañoneras para proteger a la soberanía en el lago Titicaca. Su construcción fue en Inglaterra en 1862 y fue traído como rompecabezas hasta el lago navegable más alto del mundo donde fue reensamblado y lanzado la navidad de 1870.

Aquí, tal cual museo, se exhiben documentos, fotografías y maquinarias de aquella época.

Mientras me ubicaba en una de las plantas del barco seguía escuchando los relatos sobre éste. Estábamos navegando por el lago, que maravilla de día. Unas nubes que parecieran algodones colocados en el cielo. Saboreo el momento y pongo REC en mi cabeza para grabar esa sensación que no quiero olvidar.

A lo lejos desde el barco vislumbro en la Isla Esteves, el Hotel Libertador, y su color blanco que ilumina el soleado día puneño y brilla en medio del Titicaca.

El relato continuaba. Y nosotros recorríamos su proa, las cubiertas principales y la sala de máquinas, en la que el viejo motor Bolinder sigue operativo, convirtiéndose en el más antiguo de su tipo en todo el mundo y que se mantiene en buen estado.

Pero el tiempo se acortaba y en cada rincón cercano al lago se respiraba una calma profunda que daba el aire y respiro necesario que al llegar al hotel busqué entre mis sábanas. Ya en mi habitación veía el atardecer despedirse y en el lago el reflejo de los últimos colores del ocaso como si fuera un espejo roto en mil pedazos.



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