Alasitas. La feria de los deseos
Author: New Media
Una de las más apoteósicas ferias, de nombre “Las Alasitas”, que significa “cómprame”, se caracteriza principalmente por la miniaturización de objetos de primera y última necesidad que ofrecen decenas de artesanos. Miniaturas en las que uno ve reflejado sus deseos y sueños para el futuro.
Una feria de ensueño y de sueños donde se puede comprar desde camiones hasta títulos profesionales, a precios que van desde los 15 hasta los 50 soles, que son adquiridas si el comprador acude con fe. Por ejemplo; si uno desea viajar, compra una pequeña maleta; o si uno quiere comprarse un coche, compra un cochecito. Es sorprendente la variedad de alasitas que se venden.
Pero para comprender mejor esta costumbre, me remonto a los años de mi infancia cuando visitaba la casa de alguna tía y veía una figura regordeta que tenía la habilidad de fumar un cigarrillo si éste se le ponía encendido en la abertura que hacía de boca; asombrando a todos.
Con el tiempo descubrí que aquel hombrecito de aspecto regordete, que llamaban “Ekeko”, era el dios de la abundancia.
Esa estatuilla carga, en su robusto cuerpo, las modestas esperanzas de la gente de pueblo: una bolsita de harina, otra de arroz, una casa en miniatura, y otros tantos enseres que confían conseguir por su mediación.
Y es que, si para concederte los 3 deseos que el genio te otorgaba tenías que frotar la lámpara, aquí tienes que hacer "fumar" al Ekeko. Si el deseo es aceptado, saldrá humo como si realmente éste fumara. Aparentemente este personaje tiene la potestad de llenarnos de abundancia y riqueza material, espiritual, emocional.
Una costumbre con vida propia, difícil de matar, difícil de morir. El mismo tiempo es testigo de ello, y de este dios bonachón, que despierta en nosotros la esperanza de conseguir lo que nos falta y, seguir teniendo lo que necesitamos.
Es así como le prendí un cigarrillo y al costado puse un hotel, y hoy me encuentro en el Hotel Libertador donde los sueños tampoco están lejos de la realidad, y puedes disfrutar de espectaculares paisajes aguardando el buen porvenir que el hombrecito bonachón te depara.
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