Juliaca. Un centro comercial
Author: New Media
Visitar Puno es no arrepentirse de andar a paso lento por esta ciudad que parece rozar el cielo, porque sus restos arqueológicos, que evidencian la grandeza de la cultura preincaica de Tiahuanaco, sus originales construcciones coloniales y el inmenso lago Titicaca, son lugares de los que difícilmente podré olvidar.
Juliaca, fue mi parada obligatoria para dirigirme hacia Puno, debido a que en esta ciudad se encuentra el Aeropuerto Internacional Inca Manco Cápac, cuya pista de aterrizaje es la más larga de Latinoamérica.
Pero antes de partir a Puno; sus numerosos mercados, galerías, ferias agropecuarias y artesanales, me retuvieron en Juliaca, siendo una ciudad eminentemente comercial.
Los primeros personajes que me dieron la bienvenida fueron los triciclos que circulan por las arterias de la ciudad, cuya geografía plana, lo convierte en un medio de fácil transporte para los ciudadanos. Además de ser un transporte que evita grandemente la contaminación ambiental del lugar.
La "Ciudad de Los Vientos", denominación que se refiere a la crudeza del invierno que se vive en el altiplano, es una ciudad desordenada; sin embargo, hay que tener un poco de paciencia y tomarse unos minutos para visitar la iglesia novohispana de Santa Catalina, de claro estilo barroco mestizo.
Otro lugar de interés es el Cristo Romano o Cristo Blanco, monumental escultura que en la cima del Huayna Roque se muestra imponente en el día y en la noche brilla como una estrella que guía.
En sí, Juliaca es una ciudad económicamente más capitalizada por su alta transferencia en mercancía; siendo el epicentro de la mercadería en el Sur del Perú. Por ello, también es llamada la "Ciudad Calcetera", debido su dedicación a la confección de calcetas, además de chompas, bufandas, ponchos, gorras, guantes de fibra de lana de alpaca, oveja, etcétera, que puede encontrar en los mercados indios de la ciudad. Estas prendas me sirvieron para contrarrestar el frío altiplánico.
Luego de mi recorrido por la ciudad comercial, me enrumbé vía terrestre hacia Puno, donde no esperaban por mi triciclistas, sino mas bien una espectacular vista del lago Titicaca que al abrir las cortinas de mi habitación en el Hotel Libertador me dio la bienvenida de una manera inigualable.
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